El coloso asiático ha intensificado significativamente sus inversiones en energías renovables y tecnologías verdes, posicionándose como un actor clave en la transformación energética global. No obstante, su persistente dependencia del carbón se mantiene como un desafío crucial para sus ambiciones de liderazgo ambiental.
China cambia de aliados: ahora pretende liderar la transición ecológica y ocupar el espacio dejado por EEUU

