La película «Undertone» de Ian Taron, una producción de A24, explora una premisa aparentemente familiar de terror tecnológico, pero la retuerce para generar una atmósfera siniestra e inusual. No se limita a la detección tecnológica de lo sobrenatural, sino que profundiza en cómo la amplifica, volviéndola personal e invasiva. La cinta evita la linealidad, entrecruzando líneas de reflexión para crear una sensación persistente y creciente de inquietud.
«Undertone» examina el miedo primitivo a lo desconocido en una era tecnológica. Se pregunta cómo el horror se manifiesta cuando deja de ser una amenaza externa para convertirse en algo que late en segundo plano, esperando el contexto adecuado para revelarse.
La trama se desarrolla casi íntegramente en una vivienda, forzando a la dirección a construir la tensión a través de recursos limitados y un encierro psicológico. Cada espacio parece ocultar algo que nunca se muestra del todo, y la asfixia surge de lo que se intuye y se esconde más allá de lo visible.
Una mujer al borde del abismo
El argumento se centra en Evy (Nina Kiri), una creadora de contenido especializada en casos sobrenaturales, que ya vive en un estado de atención constante. Esta predisposición la convierte en el catalizador perfecto para los eventos que se avecinan, transformando su curiosidad profesional en una experiencia profundamente personal. Su vida, marcada por el cuidado de su madre terminal, introduce el tema de la muerte como un eco constante, abriendo una grieta emocional por la que lo inexplicable se filtra.
La historia cobra un nuevo ritmo cuando Evy recibe grabaciones extrañas de un tercero. Estas no son solo archivos inquietantes, sino piezas que exigen ser descifradas y que contienen algo oculto. Las voces de Mike (Jeff Yung) y Abby (Sarah Beaudin), nunca vistas, construyen una presencia tangible, demostrando que sugerir puede ser más perturbador que mostrar.
Sonido, silencio y paranoia progresiva
El diseño acústico, a cargo de Shanika Lewis-Waddell, es el corazón de «Undertone». Cada sonido, por mínimo que sea, adquiere un peso narrativo y se vuelve aterrador, transformando desde un tic-tac hasta un leve crujido en horror. La película prioriza una inmersión auditiva sobre la visual, una decisión artística efectiva en muchas de sus escenas.
La narración se construye a menudo más por lo que se escucha que por lo que se ve. Hay momentos en que el sonido contradice las imágenes, generando una fricción incómoda que mantiene al espectador en alerta. Ni siquiera el silencio ofrece respiro. Cuando Evy usa auriculares, el mundo exterior desaparece, creando una burbuja sonora donde cada detalle se vuelve significativo, permitiendo que el sonido se filtre directamente en la mente.
El ambiguo final de «Undertone» evita las explicaciones sencillas, sosteniendo la duda sobre lo paranormal y dejando que la inquietud crezca. No depende de sobresaltos obvios, sino de una zozobra sutil y persistente que perdura mucho después de que la película termina.

