El adelanto de una hora que conlleva el cambio al horario de verano genera una considerable preocupación entre la comunidad experta. Este ajuste horario desestabiliza el reloj biológico interno del ser humano, conocido como ritmo circadiano, lo que puede tener consecuencias significativas para la salud.
Estudios y análisis sugieren que este desajuste temporal está asociado con un incremento de hasta un 10% en algunos riesgos para la salud. Entre los efectos más comunes se encuentran un aumento en la incidencia de accidentes, debido a la alteración del sueño y la concentración, así como un mayor riesgo de sufrir episodios cardiovasculares.
Afortunadamente, existen diversas estrategias y recomendaciones para facilitar la adaptación del organismo a esta nueva franja horaria y así minimizar los potenciales efectos negativos en el bienestar general.

