Han transcurrido diez años desde que Guido Westerwelle, el exministro de Asuntos Exteriores alemán, falleció a causa de la leucemia. Su destacada trayectoria política al frente del partido FDP fue una verdadera montaña rusa, llevándolo a las cumbres del poder para luego enfrentar descensos significativos. En medio de esta intensa y a menudo turbulenta carrera, Westerwelle descubrió, de forma casi fortuita, los verdaderos pilares y prioridades que darían sentido a su existencia.

