Estados Unidos ha presentado una tecnología disruptiva capaz de disminuir drásticamente el consumo de energía de la inteligencia artificial en un notable 70%. Esta avanzada se materializa en microchips ingeniosamente diseñados para emular la compleja estructura y el funcionamiento del cerebro humano.
La clave fundamental de esta eficiencia radica en la fusión de las capacidades de memoria y procesamiento directamente en la misma unidad. Al integrar estas funciones en un solo lugar, se minimiza significativamente el tráfico de datos entre el procesador y la memoria RAM, lo que a su vez conduce a una reducción sustancial de la energía eléctrica que se desperdiciaría en transferencias constantes.

