Desde la «revolución con rostro de mujer» que tuvo lugar en 2020, el gobierno de Lukashenka ha intensificado significativamente su política familiar, adoptando un enfoque que recuerda a las directrices neosoviéticas. Paralelamente, las autoridades continúan con la persecución de aquellas mujeres que muestran desobediencia o disentimiento hacia el régimen actual en Bielorrusia.

