La principal razón por la que aún no existe una posición científica unánime con respecto a la conexión entre las redes sociales y la salud mental se debe a la naturaleza de las investigaciones disponibles. La mayoría de los trabajos realizados hasta la fecha son de carácter correlacional, lo que implica que solo identifican vínculos entre fenómenos sin establecer una causalidad directa. Esta limitación metodológica obstaculiza el desarrollo de conclusiones definitivas y robustas.
A esta complejidad se añade la observación de que, con frecuencia, los estudios más rigurosos y sólidos provienen directamente de las propias compañías tecnológicas, lo que genera interrogantes sobre la independencia y el alcance de la investigación disponible en el ámbito público.

