Un incremento del 1% en el gasto militar se traduce en una contracción de al menos el 0,62% en las inversiones sanitarias.
Esta relación, un claro trade off entre ambos sectores, ha sido cuantificada en un reciente estudio publicado en The Lancet por Alhadi Khogali de la Universidad de Oxford y Elsara Badri del Global Alliance on War, Conflict and Health (Gawch). La correlación es aún más acentuada en países de bajos ingresos, donde un aumento del 1% en el gasto militar provoca una caída del 0,96% en el gasto sanitario.
“Nuestras preocupaciones estaban fundadas – afirma Filippo Anelli, Presidente de la FNOMCeO (Federación Nacional de Colegios de Médicos Cirujanos y Odontólogos) –. Por ello, para corregir esta situación, ya en julio del año pasado firmamos, junto con los Colegios de Francia, Alemania, Grecia, Portugal y España, la “Carta de Roma – la salud como inversión estratégica”. Un camino que ha continuado ahora con la firma, en Perugia, del Manifiesto “Médicos y Paz”, que hace pocos días entregué personalmente al Papa Francisco”.
“Este análisis en The Lancet – continúa – demuestra, con datos en la mano, que un mayor gasto en armamento y en políticas de guerra conduce a una contracción de las inversiones para la salud de los ciudadanos. No se trata, como subrayan los investigadores, de una ecuación abstracta, sino de un hecho concreto con efectos contundentes en la vida y el bienestar de muchísimas personas, una de cada seis, que hoy viven en un escenario de guerra. Del mismo modo, el Manifiesto “Médicos y Paz” y, antes aún, la Carta de Roma, no son actos retóricos, sino declaraciones de responsabilidad. Nosotros, los médicos, reafirmamos que los sistemas sanitarios públicos y universalistas son infraestructuras de paz, porque garantizan la dignidad de la persona humana”.
“Por el contrario, las guerras tienen efectos nefastos – prosigue – sobre los sistemas sanitarios y la salud pública. Los autores del artículo estiman que, entre 1990 y 2017, los conflictos provocaron casi treinta millones de muertes en exceso, solo por causas indirectas, como la interrupción de los servicios sanitarios. Esto es lo que nos testificó, en Perugia, un colega de Emergency en conexión desde Gaza, donde, en una población de 2 millones de personas, se esperan 500.000 muertes en un par de años debido a la destrucción de los servicios sanitarios”.
“Cada conflicto – concluye Anelli – tiene costos para los servicios sanitarios: las muertes directas por los bombardeos de hospitales y centros de atención, la destrucción de infraestructuras, la interrupción del suministro de fármacos y ayudas, las sanciones económicas. La guerra representa la negación de la paz, de los derechos y de la dignidad humana. Golpea sobre todo a los civiles, destruye los sistemas de atención, multiplica el sufrimiento y la injusticia. Nosotros los médicos condenamos la guerra porque es incompatible con el valor de la vida y con los principios constitucionales y europeos sobre los que se funda la convivencia pacífica. Y pedimos cambiar el paradigma y considerar el gasto sanitario no como un costo, sino como una inversión estratégica y como un instrumento de resiliencia social para garantizar el futuro, la paz y la dignidad de los pueblos”.

